domingo, 27 de mayo de 2007

Aquello

Lánguida en tus brazos, jamás imaginé que estarías de igual modo en los míos. Y ya ves cómo todas las cosas siempre dan vueltas.

Y te escribo estás líneas, a ti, sí, a ti, mientras me quito el maquillaje y el vestido -no aquéllos que tanto destestas, no, que ésos has sabido quitármelos de a poco-, para que sepas, sólo para que sepas, que es cierto; que bajo tu mujer de piedra, se esconde simplemente una mujer asustada. Ya sabes que no sé qué tipo de mujer seré; entre tantos velos diferentes he logrado confundirme. Pero de algo puedes estar seguro, ni mi sonrisa, ni mis ojos, ni mis labios mienten cuando te digo lo que te dije al oído.

(Sólo espero que lo recuerdes...)