El calvario privado de cada cual es eso: privado. La desolación, la orfandad, el agobio; todo en el más silencioso secreto. Siglosamente se procura ocultar el desgarro, y con ojos gachos y voz discreta se sepulta el ruego... y el llanto. Porque te han enseñado que en esto se está solo.
Mas la sangre es roja para todos. Y si me dejas, limpiaré la que cubre tu rostro, para custodiar tus heridas, ahuyentar tus demonios y abrazar tus penas. Todo en la más absoluta reserva, en la sombra, muda, porque tal como el tormento es el alivio y cuando la sangre lo tiñe todo, huelgan mis palabras, que se vuelven torpes y vanas.
Tanta vuelta para que sepas que tu sangre no tiene porqué caer al suelo; hay quien está dispuesta a detenerla con sus manos mientras escurre.
