¿Y qué quieres que le haga, Edith? No te creo. ¡Vamos! Hay que ser muy descarado o muy estúpido. O valiente, según dicen.
¿Pero tú? No hay amante desdichado que no quisiese enmendar sus pasos. Y apareces tú, pregonando Je me fous du passe, cuando tiempo atrás juraste que nous aurons pour nous l'éternité.
Y ya está, Edith, ya está. No existe tal vie en rose.
(Háganse un favor, ustedes curiosos husmeadores de este blog, y métanse a:
http://www.youtube.com/watch?v=_dbgPYqFpSw&NR=1
http://www.youtube.com/watch?v=bby0WAOiEQw)
