lunes, 19 de mayo de 2008

Edith

Subo, tiemblo. Dejo la partitura y me siento azul. Veo negros, amarillos y azules. Y humo. El ruido de fondo me hace pensar que no me harán caso. Quizás así sea mejor; no es fácil usar sus zapatos. Miro al público y me siento ridícula frente al micrófono. La letra se mofa de mi osadía, palabras que no reconozco, pero que sin embargo entiendo, porque en el fondo da igual que sea francés. Me siento pequeña e insignificante.

Y la melodía irrumpe en la sala. Insolente, porque esta canción es así. Algunos ojos se posan en mí, acusadores: "¿qué te has creído?", me preguntan. Algunas voces se alzan, expectantes a la mía. Miro la letra. Entonces el Non, profundo, mi Non. Y silencio. Sólo mi voz y los instrumentos habitan el lugar. Non, rien de rein, non, je ne regrette rien. Empiezan los aplausos. No lo esperaba. Me concentro. Ni le bien qu`on m`a fait, ni le mal tout ca m`est bien egal. Mi francés es horrendo, pero nadie lo nota. Más aplausos. No los oigo. Non, rien de rien, non, je ne regrette rien, c`est paye, balaye, oublie, je me fous du passe. Aplausos, gritos. Pierdo el ritmo. Me salto una estrofa. Retomo. Silencio de bocas abiertas. Sonrío. "No es a ti, es a Edith". Termino. Non, rien de rien, non, je ne regrette rien, car ma vie, car me joies, aujourd`hui ca commence avec toi. Sostengo el toi. Y espero.

Ovación.

Tiemblo. Bajo del escenario y vuelvo a ser insignificante.