Supongamos que en vez de estar aquí, escribiendo estas líneas, estoy tirando huevos en franca descomposición, sobre cierta casa en Paul Harris con Lo Fontecilla.
Supongamos también, que en lugar de descargarme con boca cerrada y dedos rápidos sobre el teclado, le grito a los imbéciles responsables de todo este escándalo.
Y supongamos, en fin, que nada ha ocurrido. Porque querido, si sales por esta puerta, créeme que yo nunca cruzaré el umbral de la tuya.
