Y sí, quizás haya sido cierto todo eso que te dije, pero olvidé una parte. Es que faltó mirar la fecha de vencimiento. Y ahí sí que no calzábamos: la tuya expiraba mucho antes que la mía.
Grave error, ya sabes el gusto horrendo que queda en la boca tras probar lo que ya está descompuesto.
