viernes, 13 de agosto de 2010

Familia bien

Nunca entendí bien qué.

[Una familia bien, po. ¿Qué más? Bien, "bien". ¿Qué tiene de difícil? Una familia bien.]

Con el tiempo, y los porrazos -no olvidemos los porrazos-, aprendí que una familia bien no es lo mismo que una buena familia.

[¿Cómo no? Buenos valores, bien constituída. Bien bien. Sin mayores problemas, los típicos no más.]

Aprendí también que en el living puedes esconder elefantes bajo la alfombra y que es preciso ser como los cortesanos del emperador, no como el niño que denuncia. Nunca nos contaron qué pasó con ese niño.

[...]

Descubrí que las familias bien son high class y que ese high class admite sólo una interpretación; no dos. De a poco me fui dando cuenta por qué en los supermercados de barrio alto hay tanto whisky y el desinfectante es tan caro, por qué las casas son tan grandes y los baños tienen tantos cajones.

[Bueno sí, las familias bien son GCU ¿so what?]

Entendí que sonreír es algo que se aprende y llorar algo que se educa, que la locura es sinónimo de normalidad mientras nadie se entere. Y que la moneda es el dormir por las noches.

[Cuánto melodrama]

Y comprendí además por qué las mujeres de las familias bien son frías, porque ellas sí saben sumar, aunque no sepan mentir...

[Te estai yendo al chancho ¿y la caridad?]

... y que el desprecio puede ser amor y el amor a veces es bien.

Lo que tampoco entiendo es qué quieren conservar las familias conservadoras. Y más aún, qué ganan al hacerlo.