¡Que no! Que si me dices que va a ser exponencial, no. Porque no. Porque me dices meses, pero no, no tonto, son años. Porque según los cálculos me quedan dos. Sí, más cerca sí, cuando falten 100 y tenga palo y medio. Ahí sí, ahí vale la pena, porque la cuenta va a ser regresiva, porque en vez de contar los días pasados, voy a poder contar los que quedan. Ahí sí. Ahí aguanto. Porque en mi caja de fósforos ya no los tengo encima. Ahí puedo cortar el teléfono o descolgarlo, no abrir la puerta y ya.
Porque hoy día aguanto a punta de Alprozalam, de Meganox, del antidepresivo que no sé cómo se llama y con el que me hace dormir que tampoco me acuerdo. Algo con z, creo. Pero hoy día no estoy dispuesta a freírme el hígado, prefiero mil veces, escucha bien, mil veces, hacerme mierda los intestinos, el estómago, el esófago, la boca, los dientes, antes que el hígado. Porque dopada sí que no. Porque si hoy día ya lo paso mal con lo que me dan, no quiero ni pensar cómo serían las dosis. No. ¿Por qué crees que, cuando estaba desesperada, cuando no sabía cómo parar, cuándo se me había ido de las manos hace rato, no quise a esta gente acá? ¡Porque si entran no los saco más! Porque soy el puto cacho, la loca, a la que hay que enrielar. Y ese enrielado, querido, me hubiese costado toda la vida. Todos y cada uno de los putos días. No, prefiero sangrar por la nariz. Mil y un veces sangrar por la nariz.Y estoy segura que me sale más barato.
Porque si me dices que va a ser exponencial, si tú mismo reconoces, desde la sensatez -créeme, no es ironía- con que me lo dices, entonces las cosas van a ser así. Y no, eso no. No estoy dispuesta a repetir lo del verano. Estuve a punto de matarme, a punto. Si la pelea la doy estos años, me voy a matar, porque de nuevo no la aguanto. Porque no se puede no más. Porque sé lo que es vivir así. Porque no por nada estoy pesando 45 kilos.
V me dice que no aguante, que no conteste, que dé la pelea. Extraordinario. Muy fácil cuando están a más de mil kilómetros. Claro, ahí sí. Pero acá no. Porque soy yo la que tiene que vivir en un ambiente de la puta madre, yo la que escucho todas esas cosas que me grita y que me hacen como las pelotas, porque me hacen mal. Porque soy yo la que tiene que mamarse todo eso: los gritos de uno, las setecientes llamadas perdidas en una hora, el que entre a mi pieza a cada rato a preguntar ¿qué te pasa?, mientras se desmaya con la respuesta. Porque son como células que fagocitan a otras. Y sí, podré poner todas las putas membranas que pueda, pero sigo siendo mitocondria. Porque recién esta semana me vengo a dar cuenta que cuando no estoy se mete en mi pieza a revisar mis cosas. Y yo, huevona, pensé que eso no pasaba. Entonces, sí, podré cerrar la puerta, podré encerrame en una caja de diamante, que es la piedra más dura del planeta, pero igual voy a estar con el taladro. Y no, no hay quién aguante.
Porque no se da una batalla con un ejército de dos pelotudos contra uno de quinientos; y menos si están armados con palos, aunque los otros también tengan sólo palos. Siguen siendo quinientos. Hay que ser imbécil para dar esa pelea. Porque, claro, podré cerrar la puta puerta, pero ellos tienen un bulldozer. ¿Y qué? ¿Qué le voy a hacer? Ellos se pueden meter y yo no. Porque no puedo no más. Porque ella puede googlearte y llamarte a mis espaldas ¿cómo hago yo lo mismo? Porque ella puede meterse a mi mail, puede hacer lo que quiera. ¿Y yo qué gano haciendo lo mismo? ¿Y puedo hacer algo en vez? Sí, sí, sí, pero no me vengas con eso, no me vengas con que se puede decir no, no me vengas con separaciones, son la puta laminilla que se mete por debajo de la puerta. Porque sí po, soy yo la que vive en este ambiente de mierda. No tú. No V. Yo.
Porque si la curva va a ser exponencial y no logarítmica, porque si tú mismo estás de acuerdo, entonces no. No y no. Porque si este año lo he pasado pésimo, porque si he estado mal, no me digas que se puede aguantar si lo multiplicamos por cien. Porque sí, antes no me daba cuenta, pero ahora sí. Ahora que lo veo con lucidez, me doy cuenta y es peor. Porque antes lo veía dando vueltas y era dando vueltas no más. Porque antes la veía enferma y era pobre. Pero ahora no po, ahora lo veo y me da rabia, que es peor. Claro, antes pasaba igual, pero leía un libro, o me fumaba un cigarro en la terraza. Ahora tomo el libro y no me puedo concentrar y me tengo que ir al puto café en Cantagallo. Así que no me digas que se puede anclada a una decisión. O háblame en castellano y dime, ¿cómo diablos lo hago? ¿Qué hago? ¿Ah? ¿Cómo aguanto? Porque voy a tener que escribirlo con notación científica, porque ya no caben los putos ceros en la página.Y no hay quien pueda vivir así. No se puede no más. No se puede.
Entonces dime ¿cómo diablos meto el puto e?
A veces los callejones sin salida sí existen.
