A veces se le perdían las palabras. Otras, los recuerdos se le solapaban y adquirían vida propia e irracional. Había días en que no notaba nada extraño, salvo la mirada complaciente de los demás. De a poco la fueron dejando fuera de las conversaciones y los tonos con que le hablaban se volvieron más dulces. Y se sintió una niña. O peor, una anciana.
Su reclamo siempre fue seguir vigente, que la vida no dejara de tomarla en cuenta, tomar decisiones y que vivir no se limitara a respirar. Pero ahora, escuchaba los cuchicheos en su propia casa
Su reclamo siempre fue seguir vigente, que la vida no dejara de tomarla en cuenta, tomar decisiones y que vivir no se limitara a respirar. Pero ahora, escuchaba los cuchicheos en su propia casa
