El infierno es esa palabra ignorada que ruge. Es esa palabra herida que se quedó pegoteada, enredada y perdida entre mil palabras muertas. Es esa palabra censurada que se esconde para no ser dicha.
Es ese abismo entre los cuerpos. Es esa soledad en el tumulto. Es ese silencio sordo y estúpido y abombado.
El infierno es el cansancio en un camino sin fin ni tregua. Es tumbarse en la cama con los ojos abiertos.
Es un campo de flores monocromáticas movidas por el viento. Es una mañana sin luz ni voz. Es un verano retrasado por las nubes y el frío.
El infierno son estas letras anónimas que no encontraron materialidad para ser pronunciadas. Es ese no sé. Es ese silencio ante un qué.
Es ese abismo entre los cuerpos. Es esa soledad en el tumulto. Es ese silencio sordo y estúpido y abombado.
El infierno es el cansancio en un camino sin fin ni tregua. Es tumbarse en la cama con los ojos abiertos.
Es un campo de flores monocromáticas movidas por el viento. Es una mañana sin luz ni voz. Es un verano retrasado por las nubes y el frío.
El infierno son estas letras anónimas que no encontraron materialidad para ser pronunciadas. Es ese no sé. Es ese silencio ante un qué.
