Con aires de heroína trágica, sin más hazaña que convertir oxígeno en dióxido de carbono durante casi de 35 vueltas al sol. Los ojos me brillan ante un par de tacos de aguja de mi talla. Ni tan apasionada, ni tan indiferente, aunque la exageración sea lo mío. Vivo escondida, oculta en las mil caretas que me pongo para disimular que no sé nada. Así, puedo ser una malcriada, una guerrera, una arpía sin corazón o lo que tú quieras que sea. Pero soy honesta, sólo miento lo justo.
Me gusta cocinar. Me gusta escribir. Me gusta mirar el mar. Odio despertar en la mañana, levantarme ante los fracasos y la mirada de los demás. Me aterraban los ascensores y los terremotos, ya no. Hoy me asustan esos surcos que se están formando alrededor de mis ojos.
A veces se me apaga el mundo y me ahogo en las aguas del Ártico. A veces quiero morir y a veces sólo llamar la atención. Suelo estar en el gris, tengo humor negro y ácido. También hay días que estoy contenta.
Casada con dos ojos azules, que casi siempre me quieren y el resto del tiempo me toleran. Aún no ha nacido ningún pobre diablo que lleve mi sangre.
Creo que eso es todo.
Me gusta cocinar. Me gusta escribir. Me gusta mirar el mar. Odio despertar en la mañana, levantarme ante los fracasos y la mirada de los demás. Me aterraban los ascensores y los terremotos, ya no. Hoy me asustan esos surcos que se están formando alrededor de mis ojos.
A veces se me apaga el mundo y me ahogo en las aguas del Ártico. A veces quiero morir y a veces sólo llamar la atención. Suelo estar en el gris, tengo humor negro y ácido. También hay días que estoy contenta.
Casada con dos ojos azules, que casi siempre me quieren y el resto del tiempo me toleran. Aún no ha nacido ningún pobre diablo que lleve mi sangre.
Creo que eso es todo.
