jueves, 2 de julio de 2026

Mentiras

Hoy día le mentí por primera vez. Y ella no me creyó. Lo sé bien y ella también lo sabe. Le dije que ya nos las tenía, que las había tirado, que qué sé yo. Y ella sostuvo su mirada, esos ojos duros que conozco bien, pese a haberlos visto tan pocas veces. Le mentí y ella se dejó engañar, pero me lo hizo saber. Escribió en su cuaderno y lo encerró en un círculo; en un círculo muchísimo más grande y muchísimo más importante que la palabra que haya escrito. Un círculo exagerado, de esos que suenan y marcan la página siguiente. Quizás le molestó mi mentira. Seguro que sí. La semana anterior estaba preocupada, ésta no. Ésta casi olvida que yo también soy adulta y que ella no es mi madre. Dice que no se le olvida, pero yo sé que sí y que, incluso, sentiría que yo no esté. 

No las tiré, ni voy a tirarlas. Están escondidas, las 16. Las conté dos veces, pasando mis dedos con cariño por cada una de ellas. Dándoles las gracias. Pidiéndoles permiso. No puedo deshacerme de ellas, arrojarlas a un basurero o dárselas a quien haría lo mismo. No puedo. Necesito saber que existen, que están ahí, a la mano. Que son una salida limpia. Digna. Una salida que tal vez espere a ese tumor que traiga mi fin. O quizás no. Quizás sí llegue el día que las saque de su escondite y las muela en un mortero y las tome con cualquier cosa menos agua. Y ahí sí, no más mentiras.