domingo, 13 de mayo de 2007

Esconderse

Mientras estas palabras aparecen -letra a letra, frase a frase-, procuro ocultarme. ¿Y cómo esconderse si cada paso recorrido es el mismo relato de la desnudez? ¿En qué me envuelvo para no revelar mi rostro? (Sí, ese mismo hermoso rostro, que siempre he mirado con extrañeza, sin reconocerlo como propio y que a mis ojos se presenta como sórdido, ridículo y brutal.)

Me escondo en la sonrisa: en el ángulo, en la curva, en la mueca. Y embrujo con ella. Para que no se enteren, para que no sepan que tras ella está el vacío. Con ella me protejo y atajo la angustia, para que no se escape y devore todo.

He logrado entrenar el ojo, para que no me delate, para que sea mi aliado. Para que mienta por mí, y seduzca y conquiste y tome priosioneros. Lo mismo mis dedos, que han aprendido el arte de rozar descuidadamente, de engañar y simular que amo.

Disfracé la mediocridad de pasión y el lugar común de encanto. Me creen fascinante y no saben -no sospechan, ¡ni siquiera sospechan!-, que soy una mujer ordinaria, sin más atractivo que la virtud para inflar egos y disimular la rabia visceral que a veces invade mi cuerpo.

¿Cómo huir? ¿Cómo gritar si es la propia voz la que esconde ese grito ahogado que, desde hace años , me atormenta? ¿Cómo gritar si mi voz ha sido suavizada y falseada y prostituida con tal que me adoren? ¿Cómo estallar si no conozco otro mundo que el decoro y la apariencia? ¿Cómo respirar si el aire que se me ofrece me da asco? ¿Cómo llorar si estoy seca?

Y me preguntas, y te preguntas, por qué... ¿Te das cuenta?... ¿De veras no te has dado cuenta? ¿No ves, querido, que todo lo dicho, al igual que siempre, no es más que un artificio, una trampa, para irme esfumando... mientras estas palabras aparecen?