A ella me refiero cuando te hablo de lo que es ser una mujer. A ella, la del vestido café y los movimientos gráciles.
Y no me digas que no. La mirabas embobado mientras abrazabas mi cuerpo desnudo. Dime, ¿deseaste en algún momento que ella fuese yo? Dímelo, bien sabes que en vez de enojarme, reiré complacida.
