lunes, 3 de septiembre de 2007

Ingeniero

¿Y para qué quieres tanto progreso, ingeniero? Vives más cómodo, pero ¿acaso han desaparecido tus miserias o sólo se han vuelto más sofisticadas? Y dime, ingeniero, ¿duermes por las noches o estás demasiado asustado que alguien venga y te lo quite todo? Es que tú sabes porque no le haces el amor a tu mujer (ni que a ella le importara, por lo demás, pero eso tú no lo sospechas); nada te excita, nada te divierte y el pánico lo devora todo. Te angustia más perder tu posición privilegiada -"no, ¡carajo! de privilegios ni hablar, que para eso me he sacado la cresta durante años"-, que el amor de tus hijos. Porque ¿cuántos tienes, ingeniero? ¿Sabes en realidad cómo se llaman? Tú de nada te enteras, porque de nada quieres enterarte. ¿Sabías que la menor está embarazada y que el mayor se fue hace meses, y que los cuatro de al medio no te han visto y ni ganas tienen de hacerlo? ¿Sabías, ingeniero, que tu mujer te detesta y que se buscó un amante la última vez que te ascendieron? Jamás pensaste que serías un cliché y que alguien consideraría que eres un patético en Armani. ¿Dónde están tus logros, ingeniero?

Y cuéntame ¿qué vas a hacer cuando tu corazón se detenga? Se te acaba el tiempo, ingeniero, piensa rápido... ¿No? Vamos, que apenas te quedan unos segundos; quince para ser exactos. ¿Ninguna palabra antes que tu corazón explote? ¿Tienes miedo, ingeniero, o tienes rabia?... Vamos, que no tienes todo el día... ¿Nada? Lástima, ingeniero, se te acabó el juego.