Me dice que explore esa nada mía. Y busco y busco y no encuentro. Que me sumerja en ella, que la vomite con los dedos y no con la boca. Que la nada y el aburrimiento son creadores. Que suelte y me deje llevar por ella. Que olvide los ojos de los demás. Que no los necesito para existir.
Y mientras estoy sola, sin ojos, sin juicios, sin otros, hay nada. Nada gris. Nada sorda. Nada impenetrable. Nada nada. Nada.
Entonces vuelvo al mundo y su todo hambriento, voraz. Terrible. Vuelvo al mundo y me dejó devorar (¿cuándo fue que nos dejamos devorar, querido?, ¿cuándo nos rendimos?). Soy presa fácil. El mundo me ofrece sus fauces y yo me deposito en ellas, esperando. Siempre esperando. Esperando que algo pase. O que pase nada. Siempre nada.
¿Cómo te explico esa nada? ¿Cómo te muestro el vacío? La soledad está en las palabras. También en el silencio. Está en ese espacio infinito entre los cuerpos. Letras dolorosas.
Y mientras estoy sola, sin ojos, sin juicios, sin otros, hay nada. Nada gris. Nada sorda. Nada impenetrable. Nada nada. Nada.
Entonces vuelvo al mundo y su todo hambriento, voraz. Terrible. Vuelvo al mundo y me dejó devorar (¿cuándo fue que nos dejamos devorar, querido?, ¿cuándo nos rendimos?). Soy presa fácil. El mundo me ofrece sus fauces y yo me deposito en ellas, esperando. Siempre esperando. Esperando que algo pase. O que pase nada. Siempre nada.
¿Cómo te explico esa nada? ¿Cómo te muestro el vacío? La soledad está en las palabras. También en el silencio. Está en ese espacio infinito entre los cuerpos. Letras dolorosas.
