viernes, 26 de marzo de 2021

Babel

La condición estructural, y estructurante, del bípedo mortal no es, como dicen, su muerte.

Es la soledad a la que está condenado por los límites que establece 

la densidad de la piel,

la torpeza de la lengua

y el cansado tic tac del reloj.


Los dedos siempre encuentran resistencia. Siempre. Y siempre.

No cruzan, no aciertan y, en un nivel microscópico, ni siquiera tocan.


Las palabras son artilugios impotentes.

Y el bípedo, pobre pobre bípedo, va errante creyendo y haciendo creer que cree en lo que sabe que no.


(Y sí, también muere)