Me pides que te hable y no sabes que con eso me pides que escale ese muro tan alto y tan grueso que he construido para cuidarte. Me pides que comparta contigo y que camine a tu lado. Y yo pienso que prometí que en las buenas y en las malas, pero no sé cómo salir de mi pieza oscura y hablarte de mis demonios. No sé cómo mostrarte mi laberinto.
Te pido que me sostengas con tus brazos, firme, pero no te digo que es porque necesito que me mantengas unida y que tengo miedo de que esto que llevo dentro crezca, se lo coma todo y nos mate. Y te pido que me protejas con tu cuerpo, que te pegues a mí y que respires sobre mi oreja para sentir vida a mi lado.
Todas las noches te traiciono, porque mientras tú duermes, yo quiero morir. Porque mientras tú sueñas, yo quiero que todo se acabe. Porque mientras tú ves cómo llevar nuestra vida adelante, yo pienso cómo acabar con la mía. Entonces miro tu cuello, tan frágil y tranquilo, y esto crece y crece, hasta que me duermo sin llanto.
Me pides que no me esconda de ti, que no inicie un camino paralelo, pero ¿cómo te explico que quiero matar a tu mujer? Dices que ponga un límite, que no permita que llegue tan lejos, que recuerde que somos dos. Y te juro que no puedo, porque esto me aplasta y me vuelve estúpida y egoísta.
Entonces me pinto la sonrisa y me arreglo para que me veas bonita. Dejo mi posición de abandono para recibirte. Y yo veo tus ojos transparentes y sinceros, tan azules, tan inocentes. Te veo mirándome, buscándome... pero tú me conoces mejor que eso y te das cuenta lo que escondo. Lo sabes. Te lo dicen mis ojos tristes.
