martes, 9 de enero de 2018

Magia

"Te puedo ayudar y mucho", me dijo mientras sacaba su libreta mágica y anotaba una fórmula tantas otras veces prescrita. El plan era claro y me lo explicó con cuidado. Se trataba de pequeños comprimidos redonditos, sintetizados y envasados por millones en algún laboratorio, que me sacarían de mi pieza oscura si me los tomaba concienzudamente. Algo así como una tregua artificial, cortesía de la ciencia moderna y sus prodigios. Un milagro que colinda con la hechicería.

Y le creo. Le creo. Compro las pildoritas de la esperanza y espero, pero me pregunto qué viene después. ¿La moledora de carne se detendrá o ya no me importará que esté pisándome los talones? ¿Me abrazará la química y dará calorcito? ¿O me arrancarán una sonrisa en el mismo mundo de mierda que nos toca a todos y sobre el que no sé por qué diablos no puedo mantenerme en pie? ¿El mundo tendrá colores o será una alegría hueca?¿Se aligerará la carga o ya no me será tan molesta?

Y mientras espero, miro mis venas que sobresalen azules y juego a marcarlas con la uña del dedo índice, estudiando sus curvas y tanteando qué tan profundo se puede llegar.